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A 30 años del plebiscito que sacó a Pinochet: las dos caras del triunfo del “No”

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El 5 de octubre de 1988, Chile puso fin en las urnas a una dictadura que se prolongaba ya por más de 15 años. La opción “Sí”, que significaba la continuidad del general Augusto Pinochet en el poder por otros ocho años obtuvo un 44%. El “No”, casi un 56%.

La comunidad internacional celebraba el inédito triunfo que marcaba una salida pacífica a un régimen dictatorial y que dio inicio al período conocido como transición a la democracia. En las elecciones presidenciales, un año más tarde, el demócrata cristiano Patricio Aywin, candidato de la opositora Concertación de Partidos por la Democracia, vencía con holgura, dando inicio a 20 años de gobierno de la coalición de centro-izquierda.

“El triunfo del No es un hito remarcable en la historia de Chile, porque se logra sacar a un dictador muy poderoso y brutal a través de las urnas. En esa época, un diario tituló ‘Le ganamos la batalla con un lápiz’, que demuestra muy bien ese sentimiento de terminar con una dictadura de manera pacífica a través de una votación. Un logro muy importante, bastante único”, destaca el historiador alemán Stephan Ruderer, de la Universidad de Münster.

La jornada es recordada por una participación récord, de más del 97% de los votantes inscritos. Por primera vez hubo propaganda política televisada en Chile, lo que el “No” supo aprovechar en forma creativa e inteligente. Junto con presentar testimonios de los crímenes de la dictadura, contó con figuras del mundo del arte y la cultura, también internacionales, y un mensaje positivo con el lema ‘La alegría ya viene’. En contraste, la opción “Sí” ensalzaba los logros económicos de Pinochet y sembraba el terror ante un eventual regreso de la izquierda al poder.

Bajo las reglas del dictador

Durante la década del 80, las huelgas y protestas de la oposición se intensificaron, pero Pinochet parecía inamovible. Ir a plebiscito fue parte de las reglas del juego y del itinerario fijado por el propio dictador en su Constitución de 1980.

“Pactar con la dictadura fue una cuestión de realismo. El tiempo y la historia demostraron que no había otra alternativa. Sectores que estaban dispuestos a jugarse por la vía insurreccional o armada no tuvieron la capacidad de hacerlo”, afirma el historiador chileno Julio Pinto, de la Universidad de Santiago. Recordemos el fallido atentado a Pinochet en 1986.

“Esta era la última oportunidad de la oposición democrática, una que le daba la dictadura misma”, dice Ruderer. Sin subestimar el triunfo del “No” ni la importancia de evitar un enfrentamiento armado, con las fracturas que conlleva, los expertos coniciden en que la oposición asumió una serie de condiciones o amarres con que el régimen militar quería consolidar su institucionalidad, con consecuencias para el proceso democrático que vendría.

La película chilena NO, protagonizada por Gael García Bernal, destaca la campaña publicitaria que contribuyó para movilizar al electorado y vencer a Pinochet.

También pesó el contexto histórico, marcado por el temor a que Pinochet no aceptara una derrota o hubiera nuevos intentos de golpe o intervención. Testimonios indican que, al tiempo que los cómputos oficiales se retrasaban e insistían en dar por ganador al “Sí”, el dictador habría querido desconocer el resultado. En tanto la oposición, con conteos paralelos, confirmaba la tendencia ganadora del “No”. La tensión aumentaba ante la falta de información oficial, hasta que el general de la Fuerza Aérea Fernando Matthei reconoció la derrota en la madrugada del 6 de octubre. Los posteriores cómputos del gobierno lo confirmaron.

A pesar de haber ganado, la oposición no quiso molestar demasiado al adversario. En un plebiscito, realizado unos meses después para reformar la Constitución, las exigencias de la Concertación fueron mínimas. “Transó en forma demasiado precipitada. Hoy vemos las consecuencias de esta legitimación y la herencia del pasado de la dictadura”, sostiene Ruderer.

Una particularidad de la transición chilena es que Pinochet no se retiró del todo. Permaneció otros 10 años como Comandante en Jefe del Ejército y después asumió el cargo de senador vitalicio, que ejerció algunos meses.

A 30 años del plebiscito, surgen nuevas lecturas: Si bien Pinochet perdió, su modelo político fue legitimado, sostiene el historiador Julio Pinto, de la Universidad de Santiago.

El costo del “No” y la herencia de la dictadura

“El plebiscito es importante, porque marcó el fin de la dictadura, pero, al mismo tiempo, subsistieron aspectos relevantes de la arquitectura dictatorial, concretamente, del modelo económico y del diseño institucional”, comenta Pinto.

“La visión modélica de la transición chilena es comprensible, haciendo el contraste con la dureza de  la dictadura, pero tuvo sus costos, y marca la forma de convivencia social de Chile hasta hoy. Pinochet salió derrotado, pero el sistema que implementó la dictadura triunfó. Las estructuras neoliberales continuaron”, agrega Ruderer.

“En el largo plazo, visto en perspectiva, el triunfo del “No” fue la legitimación del modelo construido en dictadura, y le terminó conviniendo también a la derecha y al empresariado. Lo que pudo haber parecido, en un comienzo, una derrota para la derecha, terminó siendo una victoria”, sostiene Pinto.

Las masivas protestas de estudiantes son uno de los signos contra el sistema económico, social y educacional heredado de la dictadura.

Los expertos coniciden en que, si bien se han hecho reformas, en lo sustantivo, la lógica de funcionamiento del sistema económico y político se mantiene. El crecimiento económico, los períodos de bonanza y la mejora de algunos indicadores sociales han atraído incluso a nuevos adeptos a este modelo emergido de la dictadura. Incluso la Concertación (más tarde Nueva Mayoría) se fue dejando encantar con los resultados y generando alianzas con el empresariado, lo que despertó cierto temor en nuevo bloque gobernante.

Pero en los últimos diez años se han multiplicado las voces críticas, especialmente entre las nuevas generaciones, que ponen en tela de juicio las bases del sistema. Un ejemplo son las masivas protestas de estudiantes que han salido a la calle a exigir una educación gratuita y de calidad, obteniendo algunas conquistas. O también los cuestionamientos al heredado sistema de pensiones. “Todavía la sociedad chilena está en proceso de desarticular las herencias del pasado, de cambiar el sistema político hacia un sistema más democrático”, concluye Ruderer.

Autora: Victoria Dannemann (CP)  www.dw.com

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